Juan Ignacio Pérez, catedrático de Fisiología en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco nos cuenta esta curiosidad que nos permitimos trascribir de forma resumida.

Si, por el contrario, auscultásemos a un elefante, enseguida nos percataríamos de que su corazón va muy despacio. Hay una diferencia enorme entre el latido de un gorrión y el de un elefante, y eso ocurre porque la frecuencia a la que late un corazón depende del tamaño del animal. Los de animales pequeños laten muy rápido y lo contrario ocurre con los corazones de los animales grandes.
A efectos comparativos, téngase en cuenta que la ración diaria de alimento de un elefante equivale a un 4% de su masa, y en el caso del elefante, se trata de materia vegetal.
El corazón de una musaraña etrusca late a una velocidad difícil de imaginar y difícil de creer: ¡1.200 latidos por minuto! o lo que es lo mismo, ¡20 latidos por segundo!
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